viernes, 16 de septiembre de 2016

viernes, 29 de julio de 2016

Doce miradas a la ciudad

El pasado 16 de junio participé, con mis compañeras de Doce Miradas, en la jornada "Ciudades y retos globales", organizada por la Cátedra Unesco, que se celebró en la Universidad de Deusto.

Como nos quedó una presentación muy chula, os pongo un enlace al blog de Doce Miradas para que le echéis un vistazo. A ver si os gusta.

viernes, 8 de julio de 2016

"The Americans" en Zinéfilaz


Vuelvo a la tele en Zinéfilaz y empiezo confesando que nunca me gustaron las pelis ni las series de espías. ¿Por qué? Porque no las entendía. Siempre me hacía un lío con el contraespionaje. Nunca me quedaba claro de qué lado estaban unos y otros, si estaban con dios o con el demonio, y eso era algo que mi cabeza cuadrada no podía concebir. 
Así y todo, me animé con The Americans. Y no me arrepiento. Vi el episodio piloto (magnífico, deslumbrante; echaron el resto, sin duda) y supe que quería seguir viendo.

Hablo de The Americans en Zinéfilaz. Allí nos vemos.

miércoles, 15 de junio de 2016

Vuelve la Bruma Negra a Plentzia

Como el turrón por Navidad, vuelve por junio la Bruma Negra a Plentzia.
Estaré participando en dos mesas el viernes 24 por la tarde y el sábado 25 por la mañana y como público asistente y oyente en todo lo que pueda.
Señoras y señores, anímense.
Aquí está el programa
Y aquí lo que ha publicado hoy El Correo.
Espero veros.

viernes, 15 de abril de 2016

Mi nombre es Bourne, Jason Bourne

La franquicia Bourne
Todo empezó con las novelas del norteamericano Robert Ludlum (1927-2001), escritor prolífico donde los hubiera, pues llegó a publicar 27 thrillers en 40 países y 33 lenguas diferentes. Se calcula que las tiradas de sus libros oscilan entre los 290 y los 500 millones de ejemplares. Y eso solo si nos referimos a lo que publicó como Robert Ludlum, porque también utilizó los seudónimos Jonathan Ryder y Michael Shepherd.
Las novelas de Ludlum suelen estar protagonizadas por un héroe que lucha contra malvados y poderosísimos enemigos (corporaciones globales, oscuras fuerzas militares, intrigantes agencias gubernamentales) que no dudan en utilizar todos los mecanismos políticos y económicos a su alcance para extender el imperio del mal.
A menudo se inspiran en teorías conspiratorias para recrear episodios tanto históricos como contemporáneos. Así, por ejemplo, en El pacto de Holcroft y El círculo Matarese los terroristas no son bandas aisladas de fanáticos extremistas, sino mercenarios al servicio de gobiernos o instituciones privadas que pretenden así afianzar su autoridad. 

Sigue leyendo en Zinéfilaz.

martes, 22 de marzo de 2016

Nadie prende fuego a las palmeras

Nadie abandona su casa, a no ser que su casa sean
las fauces de un tiburón.
Nadie sale corriendo hacia la frontera,
a no ser que la ciudad entera salga corriendo también.
Solo cuando tus vecinos corren más rápido que tú
y avanzan jadeando con la garganta ensangrentada. 
Cuando aquel chico que iba contigo a la escuela
y que te besó, algo bebido, en una fábrica abandonada,
sujeta un fusil más grande que su propio cuerpo.
Solamente abandonas tu casa 
cuando tu casa no te permite quedarte.
Cuando te expulsa porque arde bajo tus pies
y te salpica con sangre en el vientre.
Nunca habías pensado hacer algo así,
hasta que el filo de un cuchillo te acarició la nuca.
E incluso entonces entonas un himno y desgarras tu pasaporte
en los lavabos del aeropuerto. 
Con cada trozo de papel sollozas
y te das cuenta de que no regresarás jamás.
Nadie mete a sus hijos en un balsa, a no ser que el agua sea más segura que la tierra.
Nadie prende fuego a las palmeras bajo los trenes ni entre los carruajes.
Nadie quiere pasar días y noches en las tripas de un camión, alimentándose de papel de periódico, a no ser que las millas recorridas signifiquen más que el propio viaje.
Nadie quiere lo golpeen ni que lo compadezcan.
Nadie elige vivir en un campo de refugiados; nadie quiere que lo desnuden para cachearlo 
y le palpen donde le duele. 
Nadie elige una prisión, aunque sea más segura que una ciudad en llamas, 
y por la noche un vigilante sea mejor que un camión lleno de hombres parecidos a tu padre. 
Nadie lo elegiría.
Nadie lo digeriría.
Ninguna piel es suficientemente dura para los negros, iros a vuestra casa, refugiados, putos inmigrantes, sucios, volved a vuestros poblados malolientes, salvajes, habéis destrozado vuestro país y ahora queréis destrozar el nuestro.
Las palabras, las miradas inmundas te resbalan por la espalda, quizás porque el aliento
es más suave que un miembro retorcido, o las palabras más dulces 
que catorce hombres entre tus piernas, o  los insultos más soportables que los escombros,
que los huesos, que tu cuerpo infantil despedazado. 
Yo querría volver a mi casa,
pero mi casa son las fauces de un tiburón,
el cañón de un arma.
Solo abandonas tu casa
cuando tu casa te empuja hacia la orilla,
cuando te dice que salgas corriendo
que debes quitarte la ropa y nadar 
a través de desiertos,
que debes vadear océanos.
Que tienes que ahogarte, pasar hambre, olvidar el orgullo.

Warsan Shire, escritora somalí
La traducción y la adaptación son mías.